La Mercancía

*Fotografía por: José Rozón

El sábado 25 de marzo de 2017 el colectivo Coturno teatro presentó en el Centro de la Cultura la obra “La mercancía” del escritor Aquiles Julián bajo la dirección de Danilo Rodríguez. El elenco actoral estuvo compuesto por: el mismo Danilo Rodríguez, Víctor Estrella y Sahelys Tavárez. La producción estuvo a cargo de: Fel Di’ Gargo y Paula Bussi; el maquillaje y vestuario: Mariela Díaz y Francisco Gil; la escenografía por Francisco Gil y la musicalización y la línea gráfica por Karim López.

La pieza teatral “La mercancía” trata sobre la condición existencial de cómo la sociedad aliena al individuo a tal punto de desvalorizar su humanidad llevándole a un proceso de cosificación; una condición que escritores tales como Erich Fromm y Ernesto Sabato temían sobre la posmodernidad. Esta obra está cargada de alto contenido de crítica social donde se expone el absurdo como elemento principal de todo el andamiaje argumentativo de la creación.

Algo muy notable de la obra es la satirización del politiquero como personaje ruin, incoherente e hipócrita; siendo esto un aspecto muy característico de la gran mayoría de los líderes caudillistas que han asumido el poder en esta media isla. También cabe resaltar la caricaturesca representación del personaje psicópata con todas sus manías, obsesiones y artimañas.

Tomando en cuenta todos los puntos importantes para que una obra teatral presente cierta calidad, afirmo que esta ha sido una de las mejores piezas que ha presentado este colectivo; se mostraron excelentes actuaciones, una buena dirección y producción, buena escenografía e iluminación, un buen vestuario y maquillaje que contextualizaba la época donde se desarrollaba la obra, entre otros aspectos.

Por tal razón, no me queda más que felicitar a los miembros que conforman parte de Coturno teatro por brindarnos a los espectadores de esta ciudad un teatro de suma calidad profesional y con alto contenido social que nos hace cuestionar sobre las principales problemáticas que nos afectan como sociedad. Espero que este grupo se mantenga firme con sus iniciativas y que sigan evolucionando cada vez más con sus obras.

 

Por:  Julio Pérez Cabrera ©

Tiempo de mangos verdes

 

TT

 

Tiempo de mangos verdes es una obra dirigida por Miguel Andrés Espinoza, musicalizada por Adriano Sang  y cuyo elenco actoral está compuesto por: Anny Samir, Nairelis Ureña, Raquel Rodríguez, Renso Mora, Víctor Arcturus Estrella y Pablo Higueras. En esta pieza teatral se utiliza la técnica de las máscaras para así hacer una representación  impersonal de personajes que aparecen en nuestra cotidianidad. Entre los personajes que se exhiben,  se encuentran: el político demagogo y corrupto, el miserable adulador, la profesora mediocre, el sacerdote hipócrita y la juventud libertina y dembowsera.

La trama de esta tragicomedia se desenvuelve en la circunstancia de una “familia ejemplar”: un presidente reelecto cuya familia conforma de la mayoría de los cargos estatales y cuya intención ulterior es mantener al pueblo  (representado como el público) en un estado somnolencia  y conformismo, a través de retórica barata y actos populistas. El intríngulis surge cuando la hija del presidente queda embarazada por parte de uno de sus compañeros de clase. Este hecho crea un estado de tensión entre los miembros de la familia puesto que al ser esta noticia difundida por los medios de comunicación podría quebrantar lo más valioso que tienen, el honor familiar.

Pues bien, Tiempo de mangos verdes no es más que una sátira a la degradación social y política que se presenta en el territorio dominicano; además es una crítica directa a la falsedad de instituciones de poder como el Estado y la Iglesia. Bien decía el filósofo Mijaíl Bakunin: “El pueblo desgraciadamente, es todavía muy ignorante; y es mantenido en su ignorancia por los esfuerzos sistemáticos de todos los gobiernos, que consideran esa ignorancia, no sin razón, como una de las condiciones más esenciales de su propia potencia. Aplastado por su trabajo cotidiano, privado de ocio, de comercio intelectual , de lectura, en fin, casi todos los medios y de una buena parte de los estimulantes que desarrollan la reflexión de los hombres, el pueblo acepta muy a menudo, sin crítica y en conjunto las tradiciones religiosas que, envolviéndolo desde su nacimiento en todas las circunstancias de su vida, y artificialmente mantenidas en su seno por una multitud de envenenadores oficiales de toda especie, sacerdotes y laicos, se transforman en él en una suerte de hábito mental moral, demasiado a menudo más poderoso que su buen sentido natural”.

Siempre he considerado la sátira como una excelente herramienta de transformación social ya que esta despierta en los individuos interrogantes que le hacen cuestionar los dogmas establecidos. Es por esto que Diógenes de Sinope y Sócrates salían a la polis de Atenas a filosofar utilizando la ironía y la sátira como recursos retóricos.

En fin, felicito a todos los que formaron parte del equipo de Utopía para que esta obra teatral se materializara. Les exhorto a que continúen  produciendo teatro de este tipo debido a que es realmente una necesidad en nuestro país;  pues con una música contaminante, periódicos subyugados a los intereses de un grupo minoritario  y con unos programas de televisión que solo causan náuseas,  terminaremos en la deriva… y no es un chiste. Toda la causa de esta pestilencia recae en la falta de educación, algo que no le conviene a los intereses de muchos sectores pues mientras más ignorante es la masa,  más fácil es de moldear.

 

Julio Pérez Cabrera®

 

Desayuno en Rojo Chino

Reseña

                                                                                 Foto tomada por: José Rozón ®

“Tengo el ego suficiente para no autodestruirme…”

El pasado viernes 23 octubre de 2015 el colectivo Coturno teatro presentó en el Gran Teatro del Cibao la obra “Desayuno en Rojo Chino” escrita por un talentoso dramaturgo dominicano llamado Lenin Comprés. La dirección de la obra estuvo a cargo de  Anny Samir; Danilo Rodríguez de la producción, en la línea gráfica y musicalización: Karím López, en vestuario y maquillaje: Yanet Brito. Las actuaciones estuvieron protagonizadas por: Nairelis Ureña y Johnny Paulino.

Ambientada en la década de los 90, el hilo narrativo de la obra empieza por un hecho calamitoso realizado por una pareja de delincuentes, el asesinato de un individuo que era parte de la ganga contraria a la suya. Este hecho causa un efecto dominó donde cada suceso será una pieza que derrumba a la otra, hasta al final… donde ningún elemento queda erguido, el llamado de la muerte. Sin embargo, para sostener un acercamiento y entendimiento de la psicología de cada personaje y de sus circunstancias, gran parte de la narración es tomada en retrospectiva, desde el preparamiento del hecho cumbre de la obra. A pesar de, en este mismo tiempo se presentan diversos flashbacks que presentan el instante donde ambos personajes se conocieron e iniciaron su vida “amorosa”, entre otros aspectos esenciales. Técnicamente se podría plantear como flashbacks dentro de un gran flashback. Esta experimentación teatral cuesta muchas veces ser bien lograda debido a que suele perturbar a los espectadores, no obstante en esta obra, no fue el caso.

Hay que destacar la excelente participación de la actriz Nairelis Ureña quien se adentró completamente en el personaje de la mujer maníaco-depresiva, realizando todas las gesticulaciones constitutivas de una persona padeciente de esta psicosis. También, la de  Jhonny Paulino quien mostraba toda la rudeza, indiferencia y maquiavelismo que representaba el carácter intrínseco de su personaje. Otro aspecto a señalar sobre los actores es que ambos hacían los monólogos interiores con vigor provocando que sus reflexiones llevaran a los espectadores a la catarsis pero sobre todo, ofreciéndole mayor verosimilitud a la historia.

En cuanto a la escenografía, estaba majestuosa. Hecha con paletas de maderas que le daba al espacio una apariencia  arquitectónica característica de las antiguas viviendas chinas. Además, en una de las escenas aparecía un farol rojo, peculiar de las festividades de la cultura china. Es decir, cada elemento estaba perfectamente colocado con el fin de contextualizar a los espectadores, principalmente a los más sutiles. Por otro lado, la selección musical fue extraordinaria, desde los instrumentales que sonaban previa la obra hasta las que se reproducían en el desarrollo de esta. En ciertos segmentos, la música empleada ayudaba a darle mayor intensidad a la obra a través de la utilización de un instrumental de hard rock. Sobre el vestuario utilizado, fue muy preciso ya que contextualizaba directamente en la década en que se desarrollaba la historia.

Pues bien, para nadie es una sorpresa que cualquier individuo que inicia a practicar acciones delictivas, termina siendo absorbido por el círculo vicioso de la ambición del poder y del poseer que al final lo conlleva a un abismo insalvable, así tal cual como les pasó a los dos personajes de la obra. Las causas que pueden llevar a un sujeto a delinquir son diversas pero unas de las principales son: la pobreza extrema, la violencia familiar, el desempleo y la falta de educación. Tal como decía el doctor Víctor Antonio Estrella en un artículo de su columna periodística “Gota Cerebral” publicado el 19 de junio de 2014: “Cuando en una sociedad predominan personas cuya fragilidad del Yo, permite la salida cruda y sin freno de las pasiones, cuando se mueve en una sociedad cuyas estructuras se han resquebrajado, por diferentes causas, se crea un caos tanto psíquico como social, degenerando en una tormentosa convivencia, porque a peligro de ser víctima de un lesionado mental o un psicópata, está presente y puede suceder lo peor en cualquier momento”.  Esta misma es la tesis que subyace en la obra.

El trabajo duro y el tiempo invertido se reflejan directamente en la calidad de una creación, así que felicito a todo el elenco del colectivo Coturno teatro por brindarle a esta ciudad perdida en lo superfluo, un trabajo artístico tan eminente  como el presentado y además de intentar de reanudar la cultura del apoyo teatral que en estos tiempos está en decadencia.

Por: Julio Pérez Cabrera®