Los artificios del ego

El ego es ilusoriamente uno de nuestros mejores aliados. Este nubla nuestra conciencia con pensamientos oscuros con el fin de atenuar el sufrimiento generado tras lo que nuestra mente identifica como: una traición, un maltrato, un abandono u otro motivo que genere emociones similares a las situaciones anteriormente mencionadas.

Es por esta razón que popularmente está el dicho que dice: “Hay una delgada línea entre el amor y el odio”. No obstante, si leemos en “Más allá del bien y del mal” del gran filósofo alemán Friedrich Nietzsche establece en el aforismo 153: “Lo que se hace por amor sucede más allá del bien y del mal”.

En este punto Nietzsche se refiere al amor en su pura esencia; no de la manera como la sociedad posmoderna nos lo ha querido hacer creer. Y es que el amor va más allá de cualquier pensamiento o atadura. El amor sencillamente es.

Cuando realmente se ama el apego se desvanece y se deja que las personas amadas se desarrollen en base de sus ambiciones individuales. Se deja que sean libres.

Pero que pasa, como la superestructura económica es mercantilista esta influye y  se manifiesta directamente en el modo en cómo se desarrollan las relaciones humanas donde todo se identifica con el verbo poseer creando así una gran confusión metafísica. Al los individuos identificarse con sus posesiones, logros, habilidades y profesiones; al carecer de una de estas por circunstancias ajenas a su voluntad, se adentran en una fase nihilista donde todo pierde el sentido de ser.

Ese nihilismo ha llevado a nuestra humanidad a la masificación del hombre vulgar, tal como decía Arthur Schopenhauer[1]: “El hombre que busca compañía y diversiones a cualquier precio, prestándose a todo con el poder de huir de sí mismo”.

Es por esto que las relaciones amorosas tras la gran herida provocada en el siglo XX resultan tan efímeras. Resultan en su mayoría relaciones hedonistas sin ningún sustento espiritual. Y claro está, al acabarse el hedonismo no queda más que recurrir a otro nuevo ciclo para empezar de nuevo con el mismo absurdo.

 

“Con frecuencia la sensualidad crece más aprisa que el amor, y ello hace que su raíz sea débil y fácil de arrancar” (Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal).

 

Cuando somos débiles del espíritu (vulgares) lo más probable es que seamos marionetas de nuestro ego sin ser conscientes de ello. El ego nos sumerge en su nebuloso purgatorio con la finalidad de “protegernos”. La única manera que tenemos para combatir contra él es simplemente observando sus manifestaciones y así, burlarnos de él. Reconocer que nuestra memoria se parcializará en su dominio. Nuestra mente solo proyectará los recuerdos que el ego desee. Por lo tanto, siendo conscientes de los artificios del ego, no nos queda más que equilibrar nuestra memoria para que esta vuelva de nuevo a la objetividad y así recordar las circunstancias tal como fueron.

Es por esta razón la importancia de realizar cada cierto tiempo retiros estoicos individuales con el fin de reconectarnos con nuestro ser. Mediante el aislamiento con estos fines el individuo logra amarse a sí mismo y por consiguiente, a los demás.

Hay un detalle bastante curioso, la manifestación dialéctica de la misma Naturaleza. Nada permanece estático, todo permanece en un constante fluir. Si desde lo macro ese el comportamiento ¿Por qué nosotros, seres mortales nos aferramos a objetos, personas y lugares?

El fluir es el comportamiento natural de nuestra existencia. Desde el momento que adaptamos nuestra cosmovisión con el mismo comportamiento de la vida aprendemos a ser más agradecidos con nosotros mismos y con las circunstancias que nos rodean, perdemos el miedo a tomar riesgos y de vivir nuevas experiencias. Y lo más importante, empezamos a amar y vivir plenamente.

Para culminar, aquí les comparto esta bella canción de la banda española “Extremoduro” titulada: Ama, ama, ama y ensancha el alma.

 

Julio Pérez Cabrera ®

 

[1]  (Arthur Schopenhauer, El arte de vivir)

Recuerdos

ISLA SONÁMBULA

“EL SILENCIO es un trozo de miedo

un nudo en la garganta que se multiplica
en el espejo de los días”

Me recuerdo como si fuera ayer. En el recreo del colegio decidí romper con la aborrecible rutina de sentarme en los escalones, comer y esperar que el tiempo transcurriera. Ese día decidí escudriñar en la biblioteca de la institución. Entre los libros de Milan Kundera, Ernest Hemingway y Hermann Hesse, me encontré de manera afortunada con un libro rojo. Era una antología sobre las creaciones de los poetas dominicanos del siglo XX y siglo XXI. Curioso, decidí hojear el libro. Entre el movimiento rápido de las páginas, aspiraba fragmentos y los transformaba en nuevos poemas. En un instante, por pura intuición decidir parar y retroceder. Grata sorpresa la mía. Me había encontrado con una fotografía de Gerardo Mercedes. Debajo de la fotografía había escrita una extensa biografía que manifestaba el gran patrimonio que ha ido dejando Cuervo para la humanidad. Al acabar de leer la biografía, pasé a la siguiente página y me encontré con un poema cuyo título me estremeció las entrañas: “ISLA SONÁMBULA”.

Inspiré un poco de aire, barruntaba lo que me esperaba. Sencillamente era del Cuervo. Hacía poco que había visto una magistral obra teatral de su autoría, llamada “La Ostra”. El caso fue que empecé a leer sin detenerme ni un segundo. Vivía cada verso. Me identificaba con cada uno de ellos. Al llegar al punto final, espiré una bocanada de aire. Reflexionaba. No estaba solo. El quebrantamiento de la isla no solo era a mí que me carcomía a pedazos. No estaba solo. Eso me regocijaba a plenitud.

(Recuerdos del baúl, Julio Pérez Cabrera, 2015)

Análisis literario de la novela “Over”

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“Cuando al hombre se le tuerce la vida, aunque tenga conciencia de ello, difícilmente la vuele a enderezar.”

Over es una novela de corte existencialista escrita por el novelista y periodista dominicano Ramón Marrero Aristy, el cual nació el 14 de junio de 1913, y que murió asesinado por el régimen trujillista el 17 de julio de 1959. La historia es narrada por el ojo avizor del personaje principal, Daniel Comprés, un joven que tiene que enfrentar el desasosiego y la penuria de no tener ni siquiera lo necesario para alimentarse. Entonces, este logra conseguir un trabajo de bodeguero dentro de un batey. Allí tendrá que quebrantar sus principios éticos para poder sobrevivir, ya que en el batey el que no se corrompe… termina siendo corrompido.

La novela se desarrolla en dos escenarios principales. El primero es en el pueblo donde es oriundo el personaje. “Heme aquí en una calle de mi pueblo. Por ella he transitado desde mi niñez, y todo esto es tan familiar, tan amable ordinariamente, de repente se me ha tornado extraño.” (Capítulo I). El segundo, es en el batey donde Daniel Comprés consigue el empleo y donde se desarrollará gran parte de la historia. “Llevo dos meses en un batey sin nombre, porque los fundadores de este central, en su afán de abreviar tiempo y despersonalizar tanto a las gentes, a los sitios como a las cosas, lo han numerado todo. Y es cierto que han matado mi hambre, pero no sé qué hacer con este hastío que me engulle día y noche.” (Capítulo III).

Es numerosa la cantidad de personajes que toman acción en el orbe de la novela, sin embargo se puede mencionar como los personajes que toman mayor importancia para el destino de Daniel Comprés, son: Lope Comprés (padre de Daniel Comprés), Don Cleto (policía del Central) y sus amigos, Eduardo y Valerio. Entre los personajes de cargo administrativo el cual Daniel Comprés tendrá que lidiar son: Mr. Robinson, Mr. Baumer y Mr. Norton. A este último, Daniel le tomará un poco de aprecio debido a que es el único que tiene una actitud humanitaria frente a los trabajadores del batey. Entre otros personajes que cabe mencionar son: su esposa del batey y el amigo que se encuentra cuando fue despedido del trabajo.

El tiempo en que se narra la novela es lineal. No obstante, el escritor emplea diversos recursos como flashbacks para darle más sentido a ciertas sensaciones que experimenta el personaje al observar ciertos individuos y objetos. También, dado a que las acciones están narradas por un narrador-personaje, el autor emplea el recurso del monólogo interior que hace que en el tiempo ocurran ciertas pausas. “No hablen de libertad. No hablen de derechos. No hablen de nada. ¡Qué no hay libertad en la vida! Si no te esclaviza la mujer, te esclavizan los hijos; si no los hijos, la miseria, el trabajo, alguna enfermedad, ¡El destino! No hay libertad en la vida.” (Capítulo VI).

Pues bien, Over es una novela que está cargada de una exhaustiva crítica al voraz sistema capitalista que denigra a su máximo esplendor a la humanidad, identificando a los individuos como simples instrumentos para ser explotados. “¡Pero allá no pueden tratar al hombre como aquí! A nosotros nos sacan la sangre, nos quitan la dignidad, nos desmoralizan, ¡Siembran el caos con sus métodos! Y si protestas ¡Ya sabrá la compañía justificar, llegado el caso, hasta que no eres hijo de tu padre!” (Capítulo III).

En fin, Over es una novela tal como especificaba José Enrique García en su reseña, una novela que no envejece. Y es debido a que aún predomina un sistema social donde unos pocos tienen el poder y otros desgraciadamente, son dominados de un modo indignante. Y es que los mecanismos de control los sostienen en base del embrutecimiento ciudadano, para así mantener a las masas en un “estado de somnolencia”, pues así se les facilita ejercer el control. Entre los medios utilizados son: adoctrinamiento escolar, medios de comunicación parcializados y por la censura de la cultura y el arte que intenta crear una conciencia colectiva. Por lo tanto, en cuanto a contenido y estilo, está pieza literaria se puede considerar como una creación excelsa y digna para la literatura de la República Dominicana.

Por: Julio Pérez Cabrera®

El túnel

“… en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío.”

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El túnel, novela del escritor, físico y pintor argentino Ernesto Sabato (1911-2011) es una pieza magistral para la literatura universal. Por su contenido, es claramente una novela existencialista[1]. La novela está estructurada con un estilo tipo diario con 39 capítulos cortos, concisos pero con una intensidad que al pasar de las hojas asciende cada vez más; provocándocandole al lector un enfrascamiento profundo con la obra. Así como “Crónica de una muerte de anunciada” de Gabriel García Márquez, la historia inicia afirmando la muerte de uno de los personajes para luego relatar lo hechos que llevaron al narrador y protagonista (Juan Pablo Castel) a cometer el crimen. Sabato, hace una ruptura de la estructura de la linealidad y el final sorpresa con la utilización de la retrospección como recurso narrativo.

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Aunque ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué. En realidad siempre he pensado que no hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase “todo tiempo pasado fue mejor “no tiempo pasado fue mejor” no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que –felizmente- la gente las echa al olvido. Desde luego, semejante frase no tiene validez universal; yo, por ejemplo, me caracterizo por recordar preferentemente los hechos malos y, así, casi podría decir que “todo tiempo pasado fue peor”, sino fuera porque el presente me parece tan horrible como el pasado; recuerdo tantas calamidades tantos rostros cínicos y crueles, tantas malas acciones, que la memoria es para mí como la temerosa luz que alumbrado un sórdido museo de la vergüenza.”

(Capítulo I)

El narrador y protagonista de esta novela a mi criterio es una fusión bien lograda de los personajes: Harry Haller (El lobo estepario) y Mersault (El extranjero); ambos protagonistas de dos novelas con matices filosóficos inigualables. Juan Pablo Castel es un individuo con una cosmovisión compleja y profunda, no obstante incomprendida por sus contemporáneos; acarreando a su ser en un nihilismo existencial, es decir en una faceta de su vida donde todos los sistemas de valores para él han sido quebrantados, sustentando la carencia del valor intrínseco de la existencia. En otras palabras, la náusea sartreana. Sin embargo, un hecho cambiará el transcurrir de su desdichada existencia,  la aparición de María Iribarne.

“[…] uno puede liberarse con la muerte, que sería, así, un especie de despertar. ¿Pero despertar a qué? Esa irresolución de arrojarse a la nada absoluta y eterna me ha detenido en todos los proyectos de suicidio. A pesar de todo, el hombre tiene tanto apego a lo que existe, que prefiere finalmente soportar su imperfección y el dolor que causa su fealdad, antes de aniquilar la fantasmagoría con un acto de propia voluntad. Y suele resultar, también, que cuando hemos llegado hasta ese borde de desesperación que precede al suicidio, por haber agotado el inventario de todo lo que es malo y haber llegado al punto en que el mal es insuperable, cualquier elemento bueno, por pequeño que sea, adquiere un desproporcionado valor, termina por hacerse decisivo y nos aferramos a él como nos agarraríamos desesperadamente de cualquier hierba ante el peligro de rodar en un abismo.”

(Capítulo XXI)

Pero ese puente (María Iribarne), se transfigurará para Juan Pablo Castel en el abismo más atroz y oscuro a fin de hacerlo navegar en un mar de dudas, llevándole a cometer un acto indeseado con el fin de calmar su brusco oleaje interno

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Sábato, expone notablemente en “El túnel” a través de la voz de Castel su influencia de las reflexiones de excelsos filósofos y escritores como: Schopenhauer, Nietzsche, Hesse, Sartre y Camus.

Aquí algunos fragmentos que validan lo dicho anteriormente:

“A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil.”

(Capítulo XXII)

“[…] que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, o le había intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda donde en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad.”

(Capítulo XXXVI)

“Conozco bastante bien el alma humana para prever que pensarán en la vanidad. Piensen lo que quieran: me importa un bledo; hace rato que me importan un bledo la opinión y la justicia de los hombres. Supongan pues, que publico esta historia por vanidad. Al fin de cuentas estoy hecho de carne, huesos, pelo y uñas como cualquier otro hombre y me parecería injusto que exigiesen de mí, precisamente de mí, cualidades especiales; uno se cree a veces superhombre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido.”

(Capítulo II)

“De la vanidad no digo nada: creo que nadie está desprovisto de este notable motor del Progreso Humano. Me hacen reír esos señores que salen con la modestia de Einstein o gente por el estilo; respuesta: es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto. Aun cuando se imagina que no existe en absoluto, se la descubre de pronto en su forma más sutil: la vanidad de la modestia. ¡Cuántas veces tropezamos con esa clase de individuos! Hasta un hombre, real o simbólico, como Cristo, pronunció palabras sugeridas por la vanidad o al menos por la soberbia.”

(Capítulo II)

“Diré antes que nada, que detesto los grupos,  las sectas, las cofradías, los gremios y en general esos conjuntos de bichos que se reúnen por razones de profesión, de gusto o de manía semejante. Esos conglomerados tienen una cantidad de atributos grotescos: la repetición del tipo, la jerga, la vanidad de creerse superiores al resto.”

(Capítulo III)

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El túnel es sin dudas; unas de esas obras que nos despierta el ímpetu de releer con la necesidad de poder decodificar esos signos internos, que como fantasmas o demonios, nos carcomen hacia al abismo. Haber leído esta novela ha sido una experiencia purificadora. Es un viaje insondable por la psiquis humana, la lucha constante y dialéctica entre el Ello, el Yo y el Superyó. En definitiva, Sábato con esta novela ha conquistado su inmortalidad; su voz interior será escuchada por siglos. De eso estoy seguro. Él, todo un maestro del arte del escribir.

Por: Julio Pérez Cabrera

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[1]  El existencialismo fue un movimiento filosófico-literario que llegó a su apogeo a mediado del siglo XX debido a las circunstancias que estaba presenciando la humanidad (guerras mundiales, crisis económicas, decadencia en lo moral)  lo que provocó a los filósofos e intelectuales de la época a cuestionarse sobre temas complejos como: el sentido de la vida, la libertad, la responsabilidad del individuo con el colectivo, entre otros tópicos. Este movimiento consideraba al hombre como un ser “arrojado en el mundo”, frase que mostraba el nivel de desasosiego y angustia del existir.

Jesús Lizano, el ingenioso libertario Lizanote de la Acracia

Jesús Lizano

Jesús Lizano fue un filósofo, pensador y poeta español que nació el 23 de febrero de 1931 y que murió el 25 de mayo de 2015.

Lizano transitó por diversas etapas en la formación integral de su pensamiento. Estas fueron: cristiana, existencialista, marxista y finalmente anarquista, el cual esta última la consideraba como un humanismo poético ya que la base de esta cosmovisión es el quebrantamiento de cualquier institución represiva u autoritaria, trayendo así como consecuencia la ruptura de la estructura social que ha predominado por siglos que es la del dominante-dominado.

La poesía es un puente (como él afirmaba) hacia el ámbito natural, es decir, a la ingenuidad. Esa sería la mejor síntesis de todas sus obras. Sostenía que el ser humano en estos tiempos viven en la inopia del espíritu, navegando en preceptos que lo alejan de su raíz, a la búsqueda de lo que es, humano, demasiado humano. A este estancamiento Lizano lo denomina como el Mundo Real Político, el cual debe ser trascendido por el Mundo Real Poético.

Sus poemas me recuerdan una frase extraída de un libro muy leído que dice así: “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.

Queridos lectores, aquí les dejo una recopilación de los poemas que más me han conmovido de este gran poeta libertario, espero que la disfruten.

 

El Capitán

El Capitán
no es el capitán.
El capitán
es
el Mar.

 

 

Las personas curvas

Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas 

A mí me gustan las personas curvas,

las ideas curvas,

los caminos curvos,

porque el mundo es curvo

y la tierra es curva

y el movimiento es curvo;

y me gustan las curvas

y los pechos curvos

y los culos curvos,

los sentimientos curvos;

la ebriedad: es curva;

las palabras curvas:

el amor es curvo;

¡el vientre es curvo!;

lo diverso es curvo.

A mí me gustan los mundos curvos;

el mar es curvo,

la risa es curva,

la alegría es curva,

el dolor es curvo;

las uvas: curvas;

las naranjas: curvas;

los labios: curvos;

y los sueños; curvos;

los paraísos, curvos

(no hay otros paraísos);

a mí me gusta la anarquía curva.

El día es curvo

y la noche es curva;

¡la aventura es curva!

Y no me gustan las personas rectas,

el mundo recto,

las ideas rectas;

a mí me gustan las manos curvas,

los poemas curvos,

las horas curvas:

¡contemplar es curvo!;

(en las que puedes contemplar las curvas

y conocer la tierra);

los instrumentos curvos,

no los cuchillos, no las leyes:

no me gustan las leyes porque son rectas,

no me gustan las cosas rectas;

los suspiros: curvos;

los besos: curvos;

las caricias: curvas.

Y la paciencia es curva.

El pan es curvo

y la metralla recta.

No me gustan las cosas rectas

ni la línea recta:

se pierden

todas las líneas rectas;

no me gusta la muerte porque es recta,

es la cosa más recta, lo escondido

detrás de las cosas rectas;

ni los maestros rectos

ni las maestras rectas:

a mí me gustan los maestros curvos,

las maestras curvas.

No los dioses rectos:

¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!

El baño es curvo,

la verdad es curva,

yo no resisto las verdades rectas.

Vivir es curvo,

la poesía es curva,

el corazón es curvo.

A mí me gustan las personas curvas

y huyo, es la peste, de las personas rectas.

 

 

Mamíferos

Yo veo mamíferos.

Mamíferos con nombres extrañísimos.

Han olvidado que son mamíferos

y se creen obispos, fontaneros,

lecheros, diputados. ¿Diputados?

Yo veo mamíferos.

Policías, médicos, conserjes,

profesores, sastres, cantautores.

¿Cantautores?

Yo veo mamíferos…

Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores

¡Aparejadores!

¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!

Miembros, sí, miembros, se creen miembros

del comité central, del colegio oficial de médicos…

académicos, reyes, coroneles.

Yo veo mamíferos.

Actrices, putas, asistentas, secretarias,

directoras, lesbianas, puericultoras…

La verdad, yo veo mamíferos.

Nadie ve mamíferos,

nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.

¿Seré yo el último mamífero?

Demócratas, comunistas, ajedrecistas,

periodistas, soldados, campesinos.

Yo veo mamíferos.

Marqueses, ejecutivos, socios,

italianos, ingleses, catalanes.

¿Catalanes?

Yo veo mamíferos.

Cristianos, musulmanes, coptos,

inspectores, técnicos, benedictinos,

empresarios, cajeros, cosmonautas…

Yo veo mamíferos.

 

 Manifiesto Poético

¡En nombre
de todos los Caballeros
de la Poesía
que en el mundo fueron
llamo a todos los soñadores,
a todos los poetas
para manifestaros
en la calle (¡la calle
es suya
y no de los voceras!)
frente a la lucha por el dominio!
¡A su horror! ¡A su locura!
¡Adelante la columna poética!

¡Compañeros!
¡Todos compañeros!
¿O no tenemos
los mismos problemas,
la misma esencia?
¿Nadie lo recuerda?
“Mi patria es el mundo,
mi familia
la humanidad entera”,
el humanismo poético
mi humanismo.

Los otros,
los hemos vivido,
¡vaya
si los hemos vivido!
se pierden en esa lucha,
llenos de insufrible retórica.
¡Llenos!

¡Llamo a todos los soñadores,
a todos los poetas!
¡Reclamemos
el fin de cuanto nos divide
olvidando lo que nos une,
nuestro destino
de seres mortales y creativos,
de cuanto origina
un mundo de dominantes
y sometidos,
enfermos y confusos,
de cuanto impide
la libertad de sentir,
el vuelo del pensamiento,
nuestra vida interior
liberada de todo
lo que imponen y mentalizan
los retóricos enloquecidos,
los voceras!
¡No al Mundo Real Político!
¡Todos a la conquista
de nuestra plenitud humana,
del Mundo Real Poético,
el que, por fin, supere
esa locura que nos destruye,
que impide la plenitud
para la que hemos nacido,
los sueños
para los que vivimos!
¡O para qué vivimos!
¡De qué nos sirve
un continente deslumbrante
carcelero
de nuestro humanismo contenido!
¡De nuestro heroico contenido!

¡Soñadores! ¡Poetas!
Frente a las víctimas inocentes
no llorar, no lamentarse:
¡que lloren los cocodrilos!
Luchemos para que acabe
la sed de dominio
causa de nuestra barbarie.
Salvemos nuestra mente
de todo lo ensombrecido.
¡No al racionalismo
que impide la libertad
de nuestro mundo íntimo!
¡No al irracionalismo
que la enloquece con sus símbolos!,
terribles enfermedades
no señaladas por los médicos.
¡Pobres de nosotros
en manos de los médicos,
los físicos y los metafísicos!
¡Qué saben
de nuestro sufrimiento,
de nuestro destino!

¡Vean, vean,
el reino de la Diosa,
la diosa Razón enferma!
¡El reino de sus voceras!

¡No a la “crítica” de la Razón pura!
¡No a la “crítica”
de la Razón práctica!
¡Crítica
a la Razón enloquecida!
¡A sus pozos,
causa de las mismas!

La Razón crea mitos
que nos sacan los ojos.
¡Derribemos
todos sus monumentos,
todos sus Palacios,
todos sus Reinos!
¡Salvemos nuestra especie
de esa locura! ¡Merecemos
un mundo de plenitud,
un Mundo Real Poético!
¿La Revolución? ¡Será poética
o no será! ¡Manifestemos
al Mundo Real Poético!

Todo es profundo y sencillo
si lo miramos no con ojos
racionalistas sino con ojos
poéticos.

Y no gritar: ¡”No a la guerra”
sino a la lucha por el dominio
causa de todas ellas!
¡Las causas no los efectos!
¡Las vidas no las ideas!
¡Asambleas
no compartimentos
con nombres extrañísimos!
¡No voceras!

Sólo desde la altura
de nuestro libre vuelo
podemos comprender las cosas
y comprendernos.

Denunciemos este delirio.
Invitemos a todos los inocentes
perdidos entre sus voces
que llevan a esa lucha,
todos perdidos
entre las falsas verdades
y sus terribles ecos.
Lo poético no lo político
nos lleva a la plenitud, a la Belleza,
entre nuestros límites y posibles
verdaderos.
Es nuestra consciencia
la que ilumina la Belleza,
nuestra Razón quien la ciega.
¡Sus voceros!
Y qué es la libertad
sino la luz de la conciencia.

¡Soñadores! ¡Poetas!
La libertad de pensar
y de sentir
es el aire.
Porque sin ese aire
no hay quien respire, no hay quien sea,
¡no hay quien se salve!
¡No cambiaremos
sin ella!

Sin ella
sólo tenemos
palabras. Quién
tiene voz sin ella.
¡Todos únicos! ¡Todos compañeros!
¡Adelante la columna poética!
¡En nombre de la libertad, en nombre
de todos los ingenuos
Caballeros Andantes!
¡En nombre de nuestra especie!
¡A la conquista
de la tierra prometida
por nuestros orígenes,
por nuestros sueños!
¡A la conquista de la inocencia!

La conquista de la inocencia

Resulta que soy un niño,
que todo
ha ido haciéndome un niño,
que el sufrimiento y la alegría me han hecho un niño,
que como un niño
todo lo he ido transformando en sueños,
jugando con mis sueños y con mis versos,
resistiendo con ellos,
que contemplar todos los mundos me ha hecho un niño,
que yo iba como todos para ser un hombre
y las fronteras me han hecho un niño,
los fingimientos y los límites:
todo me ha hecho un niño;
que la locura me ha hecho un niño,
verla, palparla,
a través de todos los disfraces y de todas las máscaras,
que el asalto de la razón a todo lo que vive
me ha hecho un niño,
que sorprenderme por todo me ha hecho un niño,
desear un vivir que sobre todo fuera una aventura,
que me ha hecho un niño
el engaño de cuantos han crecido,
que les hacían hombres
las trampas de los dominantes,
que dejas de ser niño cuando te conviertes en dominante,
que el dominio de las abstracciones me ha hecho un niño,
que al parecer eso es ser hombre,
que he preferido ser un niño
para salvar todo lo creativo,
que mi mundo
no es de este reino perdido,
para dar a los sentidos lo que es de los sentidos,
al instinto lo que es del instinto,
que los sueños me han hecho un niño,
que no podía vivir si no era un niño
que me ahogaban las órdenes y las leyes.
Resulta que muchos de los que se hicieron hombres
y no buscaron la inocencia,
al final de sus vidas
recuerdan con nostalgia lo que tuvieron de niño,
porque a ser hombre llaman
vivir en un mundo de dominantes
y sometidos,
que la soledad me ha hecho un niño,
que el darlo todo y el haberlo perdido
me ha hecho un niño,
que he sido un poeta maldito porque soy un niño,
que me ha hecho un niño
ver que lo único importante
es buscar la inocencia entre la astucia,
que cuando he amado
me he convertido en un niño,
que comprender que hay víctimas pero no culpables
me ha hecho un niño,
que por ser un niño
mantengo la ilusión a pesar de los desencantos
y de la sangre derramada
entre las trampas y los mitos,
que ver cómo caemos todos en las innumerables trampas
me ha hecho un niño,
y que de no ser un niño
nunca hubiera nacido en mí la rebeldía,
que es preciso
comenzar a rebelarse a uno mismo,
no seguir la consigna de ser un hombre,
que soy poeta porque conquisto la inocencia
cada vez que abro los ojos y contemplo las cosas,
que a ser niño
es lo único que he aprendido
y porque observo que todos los seres
con el mismo destino:
nacer para la muerte,
no dejan de ser niños:
que un pájaro siempre es un niño,
que un árbol siempre es un niño,
que un perro siempre es un niño.
Y porque pienso qué es un hombre
si deja de ser niño,
que se equivocan las escuelas
que intentan hacernos hombres
prometiéndonos falsos paraísos,
que la anarquía sólo será posible
cuando todos fuéramos niños,
cuando todos partamos
a la conquista de la inocencia,
que escribo este poema
porque resulta que soy un niño…

                                                                                                    Por: Julio Pérez Cabrera