Tiempo de mangos verdes

 

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Tiempo de mangos verdes es una obra dirigida por Miguel Andrés Espinoza, musicalizada por Adriano Sang  y cuyo elenco actoral está compuesto por: Anny Samir, Nairelis Ureña, Raquel Rodríguez, Renso Mora, Víctor Arcturus Estrella y Pablo Higueras. En esta pieza teatral se utiliza la técnica de las máscaras para así hacer una representación  impersonal de personajes que aparecen en nuestra cotidianidad. Entre los personajes que se exhiben,  se encuentran: el político demagogo y corrupto, el miserable adulador, la profesora mediocre, el sacerdote hipócrita y la juventud libertina y dembowsera.

La trama de esta tragicomedia se desenvuelve en la circunstancia de una “familia ejemplar”: un presidente reelecto cuya familia conforma de la mayoría de los cargos estatales y cuya intención ulterior es mantener al pueblo  (representado como el público) en un estado somnolencia  y conformismo, a través de retórica barata y actos populistas. El intríngulis surge cuando la hija del presidente queda embarazada por parte de uno de sus compañeros de clase. Este hecho crea un estado de tensión entre los miembros de la familia puesto que al ser esta noticia difundida por los medios de comunicación podría quebrantar lo más valioso que tienen, el honor familiar.

Pues bien, Tiempo de mangos verdes no es más que una sátira a la degradación social y política que se presenta en el territorio dominicano; además es una crítica directa a la falsedad de instituciones de poder como el Estado y la Iglesia. Bien decía el filósofo Mijaíl Bakunin: “El pueblo desgraciadamente, es todavía muy ignorante; y es mantenido en su ignorancia por los esfuerzos sistemáticos de todos los gobiernos, que consideran esa ignorancia, no sin razón, como una de las condiciones más esenciales de su propia potencia. Aplastado por su trabajo cotidiano, privado de ocio, de comercio intelectual , de lectura, en fin, casi todos los medios y de una buena parte de los estimulantes que desarrollan la reflexión de los hombres, el pueblo acepta muy a menudo, sin crítica y en conjunto las tradiciones religiosas que, envolviéndolo desde su nacimiento en todas las circunstancias de su vida, y artificialmente mantenidas en su seno por una multitud de envenenadores oficiales de toda especie, sacerdotes y laicos, se transforman en él en una suerte de hábito mental moral, demasiado a menudo más poderoso que su buen sentido natural”.

Siempre he considerado la sátira como una excelente herramienta de transformación social ya que esta despierta en los individuos interrogantes que le hacen cuestionar los dogmas establecidos. Es por esto que Diógenes de Sinope y Sócrates salían a la polis de Atenas a filosofar utilizando la ironía y la sátira como recursos retóricos.

En fin, felicito a todos los que formaron parte del equipo de Utopía para que esta obra teatral se materializara. Les exhorto a que continúen  produciendo teatro de este tipo debido a que es realmente una necesidad en nuestro país;  pues con una música contaminante, periódicos subyugados a los intereses de un grupo minoritario  y con unos programas de televisión que solo causan náuseas,  terminaremos en la deriva… y no es un chiste. Toda la causa de esta pestilencia recae en la falta de educación, algo que no le conviene a los intereses de muchos sectores pues mientras más ignorante es la masa,  más fácil es de moldear.

 

Julio Pérez Cabrera®