Desayuno en Rojo Chino

Reseña

                                                                                 Foto tomada por: José Rozón ®

“Tengo el ego suficiente para no autodestruirme…”

El pasado viernes 23 octubre de 2015 el colectivo Coturno teatro presentó en el Gran Teatro del Cibao la obra “Desayuno en Rojo Chino” escrita por un talentoso dramaturgo dominicano llamado Lenin Comprés. La dirección de la obra estuvo a cargo de  Anny Samir; Danilo Rodríguez de la producción, en la línea gráfica y musicalización: Karím López, en vestuario y maquillaje: Yanet Brito. Las actuaciones estuvieron protagonizadas por: Nairelis Ureña y Johnny Paulino.

Ambientada en la década de los 90, el hilo narrativo de la obra empieza por un hecho calamitoso realizado por una pareja de delincuentes, el asesinato de un individuo que era parte de la ganga contraria a la suya. Este hecho causa un efecto dominó donde cada suceso será una pieza que derrumba a la otra, hasta al final… donde ningún elemento queda erguido, el llamado de la muerte. Sin embargo, para sostener un acercamiento y entendimiento de la psicología de cada personaje y de sus circunstancias, gran parte de la narración es tomada en retrospectiva, desde el preparamiento del hecho cumbre de la obra. A pesar de, en este mismo tiempo se presentan diversos flashbacks que presentan el instante donde ambos personajes se conocieron e iniciaron su vida “amorosa”, entre otros aspectos esenciales. Técnicamente se podría plantear como flashbacks dentro de un gran flashback. Esta experimentación teatral cuesta muchas veces ser bien lograda debido a que suele perturbar a los espectadores, no obstante en esta obra, no fue el caso.

Hay que destacar la excelente participación de la actriz Nairelis Ureña quien se adentró completamente en el personaje de la mujer maníaco-depresiva, realizando todas las gesticulaciones constitutivas de una persona padeciente de esta psicosis. También, la de  Jhonny Paulino quien mostraba toda la rudeza, indiferencia y maquiavelismo que representaba el carácter intrínseco de su personaje. Otro aspecto a señalar sobre los actores es que ambos hacían los monólogos interiores con vigor provocando que sus reflexiones llevaran a los espectadores a la catarsis pero sobre todo, ofreciéndole mayor verosimilitud a la historia.

En cuanto a la escenografía, estaba majestuosa. Hecha con paletas de maderas que le daba al espacio una apariencia  arquitectónica característica de las antiguas viviendas chinas. Además, en una de las escenas aparecía un farol rojo, peculiar de las festividades de la cultura china. Es decir, cada elemento estaba perfectamente colocado con el fin de contextualizar a los espectadores, principalmente a los más sutiles. Por otro lado, la selección musical fue extraordinaria, desde los instrumentales que sonaban previa la obra hasta las que se reproducían en el desarrollo de esta. En ciertos segmentos, la música empleada ayudaba a darle mayor intensidad a la obra a través de la utilización de un instrumental de hard rock. Sobre el vestuario utilizado, fue muy preciso ya que contextualizaba directamente en la década en que se desarrollaba la historia.

Pues bien, para nadie es una sorpresa que cualquier individuo que inicia a practicar acciones delictivas, termina siendo absorbido por el círculo vicioso de la ambición del poder y del poseer que al final lo conlleva a un abismo insalvable, así tal cual como les pasó a los dos personajes de la obra. Las causas que pueden llevar a un sujeto a delinquir son diversas pero unas de las principales son: la pobreza extrema, la violencia familiar, el desempleo y la falta de educación. Tal como decía el doctor Víctor Antonio Estrella en un artículo de su columna periodística “Gota Cerebral” publicado el 19 de junio de 2014: “Cuando en una sociedad predominan personas cuya fragilidad del Yo, permite la salida cruda y sin freno de las pasiones, cuando se mueve en una sociedad cuyas estructuras se han resquebrajado, por diferentes causas, se crea un caos tanto psíquico como social, degenerando en una tormentosa convivencia, porque a peligro de ser víctima de un lesionado mental o un psicópata, está presente y puede suceder lo peor en cualquier momento”.  Esta misma es la tesis que subyace en la obra.

El trabajo duro y el tiempo invertido se reflejan directamente en la calidad de una creación, así que felicito a todo el elenco del colectivo Coturno teatro por brindarle a esta ciudad perdida en lo superfluo, un trabajo artístico tan eminente  como el presentado y además de intentar de reanudar la cultura del apoyo teatral que en estos tiempos está en decadencia.

Por: Julio Pérez Cabrera®